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Bitcoin LN 101
La autocustodia es una colaboración: nosotros nos aseguramos de que tus claves se generen de forma segura dentro del hardware protegido de tu teléfono, y tú guardas las 12 palabras en un lugar al que solo tú tengas acceso.
Hace un tiempo publicamos el artículo «Conoce a tu custodio», en el que explicábamos cómo mantenemos a salvo tus bitcoins cuando Blink los custodia por ti. Desde entonces, muchos de vosotros habéis optado por la otra vía: una cuenta de Blink sin custodia, en la que vosotros conserváis las claves y Blink nunca tiene acceso a vuestros fondos. Esa libertad plantea una pregunta lógica: «Si ahora todo está en mi móvil, ¿cómo sé que se ha configurado de forma segura?». Esta entrada responde a esa pregunta, en un lenguaje sencillo.
Con una cuenta sin custodia, tu monedero no es una entrada en la base de datos de Blink, sino un conjunto de 12 palabras secretas que solo se guardan en tu teléfono. Esas 12 palabras son tu monedero. Quien las tenga controla el dinero; quien no las tenga, no puede hacerlo. Los servidores de Blink nunca las ven, nunca las almacenan y no pueden mover tus bitcoins por ti. Tú tienes las claves.
Es mucho poder el que llevas en el bolsillo. Por eso, el momento más importante de toda la experiencia es el primero: el instante en el que se crean esas 12 palabras. Si se crean bien, tu monedero está a salvo. Si das bien ese primer paso, todo lo demás vendrá solo.
En resumen: nuestro equipo de ingeniería ha analizado con detalle cómo se genera tu frase de recuperación dentro de la aplicación Blink. La aleatoriedad en la que se basa procede exclusivamente del hardware de seguridad específico de tu teléfono —la misma aleatoriedad de nivel de caja fuerte que tu teléfono utiliza para proteger las aplicaciones bancarias y su propia pantalla de bloqueo—. Cada bit de esa aleatoriedad se incorpora a tu frase; nada se debilita ni se simplifica, y si en algún momento no se dispusiera de aleatoriedad segura, la aplicación se negará a crear una cartera en lugar de hacer conjeturas. A continuación, tu frase se almacena en el llavero protegido de tu teléfono, nunca en la nube, a menos que decidas hacer una copia de seguridad.
Imagina que crear una cartera es como lanzar una moneda 128 veces y anotar el resultado. Esa secuencia de caras y cruces se convierte en tus 12 palabras. La razón por la que nadie podrá adivinar nunca tu monedero es sencilla: hay más resultados posibles que átomos en una montaña: 340 mil mil millones de mil millones de mil millones (es decir, un 34 seguido de 37 ceros). Incluso un ordenador que probara billones de combinaciones por segundo se quedaría sin tiempo mucho antes de que lo hiciera el universo.
Pero esa promesa solo es válida si los «lanzamientos de moneda» son realmente impredecibles. Si la moneda está secretamente trucada —si la aleatoriedad es falsa—, entonces el número de posibilidades reales se reduce y se puede llegar a adivinar el contenido de una cartera. Esto es lo único que hay que hacer bien a toda costa, y es en lo que hemos centrado nuestro análisis.
En julio de 2026, los investigadores de seguridad de Block publicaron sus conclusiones sobre una vulnerabilidad crítica en un monedero de hardware llamado COLDCARD (lee su informe). El firmware del dispositivo podía recurrir a una fuente de aleatoriedad predecible en lugar de a una verdaderamente impredecible, lo que significa que algunas claves se generaban a partir de un patrón adivinable en lugar de por puro azar. Esto hizo que las carteras afectadas fueran vulnerables y que los usuarios perdieran fondos. No se trataba de un error superficial ni de un descuido menor, sino de un fallo fundamental en la única función en la que una cartera no puede fallar, y que pasó desapercibido durante años.
La lección para todos los que desarrollan carteras es la siguiente: las matemáticas que sustentan Bitcoin son sólidas como una roca, pero las carteras no fallan en las matemáticas, sino en la infraestructura. Una sola conexión errónea entre la aplicación y el generador de aleatoriedad del teléfono puede socavar silenciosamente todo el sistema. Fallos como este son precisamente la razón por la que la forma en que una cartera genera sus claves merece un escrutinio minucioso, y por la que queremos mostraros, de forma transparente, cómo lo hace Blink.
Revisar nuestra seguridad no es algo que hagamos solo cuando las noticias nos obligan a ello: forma parte de la forma en que está diseñada Blink. Pero un momento como este es una buena oportunidad para explicarte exactamente qué ocurre cuando pulsas «crear monedero». Aquí lo tienes, en términos sencillos, y cada uno de los puntos que aparecen a continuación es algo que nuestros ingenieros verifican comparándolo con el código real, no una promesa de marketing:
En resumen: tu monedero Blink sin custodia se crea a partir de una aleatoriedad auténtica, propia del hardware, sin atajos, sin soluciones de reserva ocultas y sin que Blink —ni nadie más— pueda ver tus frases mientras se generan.
La autocustodia es una colaboración. A continuación te explico con toda sinceridad quién se encarga de qué:
Optar por la autocustodia no significa que estés solo. Significa que tú tienes las claves, y nosotros creamos el lugar más seguro posible para que esas claves nazcan y se mantengan a salvo. Nos hemos encargado de la parte difícil para que tú puedas centrarte en lo sencillo: proteger tus 12 palabras. Tu bitcoin, tus claves, tu tranquilidad.
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