Aceptar bitcoins es una cosa. Pagar a tu personal con ellos es otra muy distinta. Esta semana, un proyecto en un municipio sudafricano pagó los sueldos de sus asistentes en «sats»; una hamburguesería de Santo Domingo pagó a un trabajador que luego envió esos mismos «sats» a su país como remesa; y una tienda keniana vinculó la aceptación de bitcoins a un punto de abastecimiento de agua y a un baño público. Los «sats» se están integrando cada vez más en la forma en que la gente gana y gasta dinero —y, como recordatorio de que la fiabilidad forma parte de esta historia, una cadena lateral perdió la mayor parte de 320 millones de dólares antes de recuperar la mayor parte de esa cantidad, y BTCPay lanzó otra versión centrada en la seguridad—.
Los sats se incorporan a la nómina: Bitcoin Ekasi (@BitcoinEkasi) ha anunciado que todos los sueldos de sus empleados se expresan ahora en sats; los precios de su tienda de segunda mano y las asignaciones de los residentes de Painted Shack ya se fijaban de esa forma. El proyecto reconoce abiertamente que la economía circundante sigue funcionando con el rand, por lo que se trata de un paso parcial, no del fin del dinero fiduciario. Pero pagar los salarios en sats supone un verdadero avance más allá de la mera aceptación: sitúa al Bitcoin al inicio del ciclo monetario local, no solo en la caja. Al día siguiente, los miembros de la comunidad compraron ropa en la tienda de segunda mano con esos sats a través de Blink: ganados en Bitcoin, gastados en Bitcoin, en la misma semana.
En primer plano: un pago, tres trabajos en Santo Domingo
La imagen más clara de «el bitcoin como dinero» de esta semana nos llegó desde la República Dominicana. Bitcoin Dominicana (@btcdominicana) describió un ciclo en el que una hamburguesería de la Zona Colonial paga a un panadero en «sats», y este utiliza esos mismos «sats» para enviar una remesa a su familia en el extranjero. Una unidad monetaria cumplió tres funciones —una venta al por menor, un salario y una transferencia transfronteriza— sin pasar por ningún banco ni sufrir ninguna conversión entre medias.
No se indican cantidades ni frecuencias, por lo que se trata más bien de un ejemplo de lo que permite este sistema que de una cifra concreta de volumen. Pero es la forma que adopta la adopción cuando el bitcoin deja de ser algo que se compra y empieza a ser algo con lo que se cobra y que se transfiere a otros.
1) Uso comercial y cotidiano
La aceptación seguía vinculándose a servicios reales y tarifas reales.
- Kibera — Bitcoin en una tienda, un punto de abastecimiento de agua y un aseo: Kingshop, gestionado por Melchizedek en Raila Village, acepta Bitcoin para los tres servicios y ha recibido una subvención reembolsable de 250 dólares de Geyser (@geyserfund) para la compra al por mayor de productos básicos y la mejora del almacenamiento de agua. Cerca de allí, UsafiBoys está ampliando sus servicios de saneamiento gracias a una subvención de 650 dólares, al tiempo que ya acepta Lightning. Se trata de negocios en funcionamiento que aceptan pagos, no de simples listados que solo aceptan bitcoins, aunque ninguno de ellos facilita cifras de ventas en bitcoins.
- Kenia — un retiro de «1 bob»: Un usuario contó que había retirado 300 KES pagando aproximadamente un chelín en comisiones mediante Blink y Tando, y afirmó que superaba a todas las plataformas que había probado. Se trata de la experiencia personal de una persona, no de un punto de referencia, pero la facilidad para retirar dinero es precisamente lo que hace que los sats sigan siendo útiles en una economía basada en el dinero móvil.
- Sudáfrica — una demostración de «escanea y paga»: Bit Fitness (@BitFitness21M) guió a un comerciante en el proceso de pagar con sats en Pick n Pay, que culminó con la compra de vino a través de Lightning. Cabe precisar que se trata de una demostración, no de la integración de Bitcoin por parte de Pick n Pay —no se mencionó ningún procesador de pagos—, pero muestra lo sencillo que resulta ahora el proceso de pago mediante escaneo.
2) Infraestructura de pagos y fiabilidad
El ferrocarril ha sufrido dos incidentes esta semana, y lo que importa es la respuesta.
- BTCPay Server 2.4.4 — la seguridad por encima de la comodidad: BTCPay (@BtcpayServer) ha lanzado la versión 2.4.4 con cambios que requieren adaptación: la NFC y las facturas de importe cero están desactivadas por defecto, se ha eliminado la configuración de Boltcard para ordenador (utiliza la aplicación Boltcard), los usuarios de WHMCS deben pasar al plugin v4.0.0 y volver a generar su clave API, y el acceso externo a Lightning permanece desactivado a la espera de una aceptación explícita. Por otra parte, el Plugin Builder autohospedado de BTCPay sufrió una brecha de seguridad (detectada el 2 de septiembre); según la empresa, los usuarios normales y los usuarios de plugins no se vieron afectados, pero se suspendieron los nuevos registros y la creación de plugins mientras se reforzaba la seguridad. Para los operadores, se trata de una migración que deben revisar, no de una actualización rutinaria.
- Liquid: un susto de 320 millones de dólares, recuperados en su mayor parte: Liquid (@Liquid_BTC) informó de que se habían retirado aproximadamente 4.000 BTC (unos 320 millones de dólares) de su monedero de la federación a través del PAK de SideSwap, y suspendió la cadena lateral. Unas 27 horas después, se devolvieron en cadena unos 3.400 BTC —un desenlace «supuestamente de «white hat»» que, según El Flaco de Blink (@_pretyflaco), permitió a los usuarios recuperar la mayor parte de sus fondos, con una deducción de aproximadamente el 15 %—. Hay que tener en cuenta dos matizaciones: se trataba de la cadena lateral de Liquid, no de la capa base de Bitcoin ni de Lightning, y «recuperar la mayor parte de los fondos tras una deducción» no es lo mismo que recuperar la totalidad.
- Un error con 2.381 días de antigüedad, corregido discretamente: por otra parte, el desarrollador @negrunch señaló un fallo de larga data en el analizador de facturas de BOLT11 que permitía a un atacante recibir un pago doble cuando se repetía un hash de pago; este fallo, presente desde hacía más de seis años, se corrigió en agosto sin que se le asignara ningún CVE ni se publicara ningún aviso. Esto nos recuerda que la fiabilidad de los pagos depende de las dependencias, no solo del nodo que se ejecute.
3) Normativa y política
El plazo para presentar observaciones sobre el borrador de la normativa transfronteriza de Sudáfrica se acercaba, y el sector se movilizó.
- Sudáfrica — la fecha límite es el 30 de septiembre: El borrador del Manual de Activos Criptográficos consideraría los traspasos de cripto de un proveedor sudafricano regulado a un proveedor extraterritorial o a un monedero de autocustodia como un flujo transfronterizo y —según la campaña CATASTROPHE del sector (difundida por @BitcoinEkasi)— prohibiría las transferencias de vuelta desde un monedero personal. Una coalición aboga por un tratamiento tecnológicamente neutro, y el gobernador del Banco de la Reserva de Sudáfrica (SARB), Lesetja Kganyago, ha declarado que «las actividades de pago similares deberían estar sujetas a expectativas regulatorias similares». Hay que tener claras dos cosas: todavía se trata de un borrador en fase de consulta (el plazo para enviar comentarios finaliza el 30 de septiembre) y abarca las criptomonedas en general, no el bitcoin específicamente. La interpretación de la campaña sobre la «autocustodia unidireccional» es una caracterización propia, no el texto legal definitivo, pero el plazo para presentar comentarios está a punto de cerrarse.
Esta semana, Sats han aparecido en una nómina, en una transferencia y en un baño: el bitcoin funciona como dinero que la gente gana y transmite, no solo gasta. La red nos ha recordado a todos que la fiabilidad nunca es algo definitivo: una cadena lateral estuvo a punto de perder 320 millones de dólares, se corrigió discretamente un error que llevaba seis años sin solucionarse y BTCPay sacrificó la comodidad a cambio de reducir su superficie de ataque. Los puntos finales que perduren serán aquellos que sigan ganándose la confianza. Hasta la semana que viene.